La Tierra invade Marte con Curiosity, la Nave más sofisticada

jueves 09 de agosto de 2012 - 12:40 p.m. 4219

Si todo sale bien, la sofisticada nave de la NASA ‘Curiosity’ se posará este lunes en la superficie del planeta rojo para explorar si ha albergado vida.

La Tierra invade Marte con Curiosity, la Nave más sofisticada

Durante más de veinte minutos, científicos e ingenieros de la NASA contendrán mañana el aliento mientras la nave más sofisticada jamás enviada a Marte, bautizada como Curiosity, intentará posarse en el planeta rojo. Ocurrirá hacia las siete y media de la mañana, hora española, si todo sale como está previsto.

La nave, un platillo volante de casi una tonelada, entrará en contacto con la alta atmósfera marciana como un bólido a 5.800 metros por segundo, brillando como un demonio enfurecido al rojo vivo. Unos cuantos cohetes se encenderán para frenar un poco la caída. Luego, el artefacto desplegará un enorme paracaídas supersónico y mientras cae se deshará de su parte inferior, la loseta de protección térmica. En ese momento, el artefacto encenderá un radar que explorará el suelo, realizando los ajustes necesarios en su cerebro electrónico en un tiempo cronometrado al milímetro. El paracaídas frenará su descenso, pero no del todo. Una vez desprendido, la nave seguirá su bajada a más de 300 kilómetros por hora. Los retrocohetes tratarán de evitar el desastre. A solo veinte metros del suelo, la nave soltará un robot con ruedas, al que permanecerá unido mediante cables. Como una araña metálica que sujeta su delicada presa con hilos de seda, el artefacto dejará que las ruedas del rover toquen con suavidad el suelo, y luego se alejará.

Este descenso durará siete minutos críticos, que los expertos han calificado como de puro terror. Tendrán que esperar otros catorce para saber si ha tenido éxito. El re­­tardo en las comunicaciones con Marte añade aún más suspense. “Es el mayor desafío al que nos hemos enfrentado. Jamás lo habíamos intentado en Marte”, indicó el ingeniero Miguel San Martín en un vídeo del Laboratorio de Propulsión a Chorro de Pasadena (JPL en inglés). Durante esa angustiosa caída se encenderán decenas de artefactos pirotécnicos. Un solo fallo, y el rover se habrá hecho pedazos contra el suelo. Es comprensible el nerviosismo que atenazará mañana la garganta de más de uno. Cualquier contratiempo en esta fase tan delicada puede desparramar sobre el barro marciano más de 2.500 millones de dólares de sofisticada tecnología, haciéndola puré. Pero si todo sale bien, la NASA habrá colocado con éxito un robot de seis ruedas, del tamaño de un utilitario, en el fondo de un cráter de seis kilómetros de tamaño. Cuando sus cámaras se activen, recogerán en sus retinas electrónicas un mundo frío y seco. Y empezará la aventura.

¿Qué es exactamente Marte? Piense en un planeta seco hasta los huesos, un poco más de la mitad de tamaño que la Tierra. Un mundo más pequeño, pero grandioso. Allí hace un frío mortal. Temperaturas de hasta noventa grados bajo cero se conjugan con una atmósfera enrarecida, sin oxígeno y, por supuesto, sin agua líquida. Marte es como un desierto, helado hasta el tuétano. Pero al mismo tiempo, el paisaje que se abre ante sus ojos es sencillamente inigualable. En su parte más occidental, las tierras ocres rinden homenaje a los volcanes, y el Olimpo, el mayor de todo el Sistema Solar, está rodeado por nubes de partículas de hielo y eleva sus paredes de lava hasta la estratosfera, a más de 22 kilómetros de altura, gracias al milagro de la baja gravedad de Marte. Tiene que ser un espectáculo contemplar cómo esos inmensos farallones de lava de millones de años reflejan la luz de un sol empequeñecido.




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